jueves, 26 de febrero de 2015

Igualdad

Hoy me han dado el premio a la "Promoción de la Igualdad" de la Junta de Andalucía.

No sé exactamente cuando, pero hace ya muchos años, cuando yo empezaba, oí como alguien le decía a mi madre: "Este Niño va a ser un peaso artista".

A lo que mi madre contestó: "yo lo que quiero que sea es buena persona".

Ahí queda eso.

Toda mi vida llevo luchando por conseguir ser el mejor artista. El mejor artista que hay dentro de mí, claro. Yo nunca he competido contra nadie. Yo solo compito contra mí mismo.

He estudiado, he viajado, he hablado, he escuchado, siempre con la intención de superarme, siempre con la intención de aprender, de sacar lo mejor de mí, y aunque creo que voy por el buen camino, me sigo equivocando, sigo fallando, y sigo por tanto, queriendo hacerlo mejor.

Es gratificante hacer las cosas por uno mismo, ver como superas obstáculos, pero es tan gratificante o más hacerlo por los demás.

Por eso nunca he olvidado esas palabras de mi madre. Creo que por aquel entonces no las entendí bien, pero he procurado, al tiempo que seguía mi camino, ayudar en la medida de mis posibilidades a la gente que se iba cruzando en él.

Siempre he pensado que lo que he hecho por los demás ha sido muy poco y que al final he sacado mas beneficio yo de ellos, que ellos de mí. Porque cuando ayudas a los demás, en realidad te estas ayudando a ti mismo.

A día de hoy no creo que haya conseguido ser todavía ni un gran artista ni una gran persona, pero eso precisamente es lo que hace que ahora, cuando salga de aquí, tenga motivación para intentar mejorar tanto en una cosa como en la otra. Y lo bello del asunto es que sé que nunca se acabará este camino. Porque el camino de mejorar nunca se acaba. Porque el límite no llega. Porque el límite no existe.

Agradezco de corazón este premio, aún sabiendo que hay mucha, muchísima gente que lo merece mas que yo. Gente que lucha diariamente porque la igualdad entre hombres, mujeres, personas de razas o credos diferentes sea cada vez mayor.

De hecho es un premio que tendría que desaparecer, porque la igualdad debería ser algo obvio, algo normal.

 Lo recojo en nombre de toda esa gente y sabiendo que aún queda mucho por hacer en esa materia. No puedo comprender como aún sigue habiendo diferencia entre hombres y mujeres, gentes de distintas nacionalidades, o que haya niños que no tengan para comer.

Todos tenemos que hacer lo que podamos para arreglar esto.
Algunos mas que otros...

Dedico este premio a toda esa gente que se esfuerza día a día porque este mundo sea más justo y sobre todo a mis padres, por intentar hacer de mí una buena persona.
Aunque no lo hayan conseguido del todo...

Feliz día de Andalucía.

Muchas gracias

Alex

martes, 15 de octubre de 2013

50 años por la orilla



Ayer los vi caminando de espaldas, agarrados, caminado por la orilla. Y se me vino a la cabeza de repente la imagen del éxito.

La definición de éxito o fracaso es siempre muy subjetiva.

Depende siempre mucho de tus aspiraciones, tus sueños, tus metas, y las ganas que tengas de conseguirlos. También de tu nivel de exigencia, claro.

A veces nos empeñamos en buscar el éxito demasiado lejos y nos olvidamos de buscarlo donde más falta nos hace.

Los muy exigentes, como yo, pecamos casi siempre de no estar nunca satisfechos, y siempre ir a buscar algo más, algo mejor, o al menos, eso creemos.

Eso por un lado puede ser bueno, porque te hace avanzar y superarte, pero por otro lado puede hacer que te pierdas cosas, que te pierdas si te despistas, incluso las mejores cosas.

Toda mi vida la he pasado soñando con lo que ahora me está viniendo, y no es que me sienta insatisfecho, todo lo contrario. Pero sería un gran error por mi parte pensar que, aunque consiga todo lo que sueñe, mi vida sea un triunfo por eso.

Yo soy como soy, y siempre voy a querer más, aprender más, trabajar más…

Pero ahí no está la clave de mi hipotético éxito.

Yo soy actor y cosas de esas, y como tal me gusta que me aplaudan, que me admiren, que me adulen, pero nunca ha sido eso mi objetivo primordial.

Yo lo que siempre he querido es que mis padres se sientan orgullosos de mí.

Cada trabajo, cada actuación, cada canción, cada payasada que he inventado, lo más importante para mí ha sido que le gustara a mis padres. Sin eso, todo lo demás no hubiera servido de nada.

Supongo que ese es el objetivo de cada hijo, pero no sé, hoy hablo por mí.

Desde el primer día que verbalicé mi sueño los he tenido ahí, dándome confianza, dándome cariño y haciéndome sentir que cualquier cosa que se haga con el corazón está bien hecha.

Todo el mundo piensa que sus padres son los mejores, pero en nuestro caso se ha dado así. Lo son, y da la casualidad de que en este caso es verdad.

Hoy, en el día de su 50 aniversario de boda, creo que es importante decirles, aunque supongo que lo sabrán ya a estas alturas, que por mucho que volvieran a nacer, no lo podrían haber hecho mejor de lo que lo han hecho. Que han triunfado en este absurdo mundo de metas y exigencias. Y con creces.

Que el éxito ese que buscamos muchos vanamente, ellos lo han conseguido de la manera más sencilla y natural: sin buscarlo. Simplemente, queriéndose.

Y eso me produce una increíble sensación de tranquilidad.

La tranquilidad que siempre me ha producido saber que están ahí.

Así que si acaso yo ya tuviera éxito, si a lo mejor algún día lo tuviera o lo llegara a tener y tuvierais la curiosidad de saber cuál fue la clave de mi éxito no busquéis en los escenarios, ni en las pantallas ni en los tocadiscos.

Mi vida ha sido un éxito desde el día que nací. Y la clave fundamental de porqué mi vida es y siempre ha sido un éxito la tenéis justo aquí delante vuestra, paseando agarrados por la orilla.  

Felicidades Papá y Mamá. Y gracias.

jueves, 3 de enero de 2013

Alex O'Dogherty en la Gala de Nochevieja 2013 de la 1


Todas las nocheviejas he visto a los grandes cómicos y a los no tan grandes aparecer en el especial de Fin de Año. Ser ahora uno de ellos me resulta extraño y maravilloso al mismo tiempo. Sea de uno u otro grupo.

Son esas pequeñas cosas, que diría el maestro, que hacen que me vaya dado cuenta que, poco a poco, como soñaba, van llegando para recordarme que todavía me queda mucho pero que, a lo mejor, vamos por el camino.

Si les gusta me alegraré.

Un beso a todos y gracias por estar ahí. A mi me viene mu bien.

Alex

sábado, 22 de septiembre de 2012

Comiendo pipas

Anoche me dieron el premio en San Fernando a la identidad isleña. Merecido o no, ya lo tengo. Como siempre que tengo que agradecer un premio no me lo preparo y lo hago fatal, anoche escribí una líneas y hoy os las pongo aquí, para el que no pudo venir y todos los que "se quedaron sin entrar". Fue una noche inolvidable. Millones de gracias a todos. Ahí va:

ENTREGA DEL PREMIO IDENTIDAD ISLEÑA

Buenas noches a todos. Estoy aquí esta noche encantado de recibir el premio a la Identidad Isleña 2012. Que según he leído en internet:
“Se trata de la máxima distinción que el Ayuntamiento de San Fernando concede a aquellas personalidades, colectivos, instituciones o entidades que contribuyen a la difusión, potenciación o reconocimiento de los diversos elementos y valores que integran el pasado, el presente y el futuro de la ciudad”
Madre mía, cuando me llamaron para decírmelo me alegré, pero cuando leí esto me acojoné vivo.
Yo no soy un colectivo, ni una institución, y no tengo mucha entidad, así que creo que tengo que ser una personalidad. A mi eso me impone mucho. Yo creo que soy más un personaje.
Hombre, yo sí puedo elegir, prefiero ser persona. Personajes ya hago muchos en el teatro y personalidad tengo… la justa.
Y se supone que contribuyo “a la difusión, potenciación o reconocimiento de los diversos elementos y valores que integran el pasado, el presente y el futuro de la ciudad”
Os prometo que yo esto no lo sabía. Yo lo único que he hecho ha sido estar muy contento y orgulloso de ser de aquí. Porque soy de aquí. Y nací aquí. Si fuera de otro sitio, y hubiera nacido en otro sitio, lo más probable, es que me gustaría ser de aquí. Como a mucha gente.
La casualidad ha querido que este premio, que tendrían que habérmelo entregado mañana en la Plaza del Rey ante tres mil personas, me lo entreguen aquí, ante unas… o menos.
Ha sido culpa mía, que mañana tengo The Hole, el espectáculo que hago ahora en Madrid y no he podido cambiarlo. Y de pura casualidad, hoy no había función. También es casualidad que media familia mía esté de viaje, pero… así pasan las cosas
Y yo soy de esos que piensan que las cosas pasan por algo.
Igual ese es el consuelo que tenemos los optimistas para estar siempre contentos, pero aunque no fuera así, yo quiero pensar que las cosas pasan por algo y yo estoy muy contento de que al final, el premio me lo den aquí.
Y no es que no me guste la Plaza del Rey, la de pipas que me he comido yo allí. Y lo que no son pipas.
La Plaza del Rey es uno de los sitios más importantes de mi vida posiblemente. Ahí di mis primeros pasos, me compré mis primeros sobres de estampitas de la liga 80 -81, cuando el más difícil de conseguir era Arconada, quedé con mis primeros amigos… pa comer pipas, quedé con mis primeras novias… pa comé pipas. Y hoy en día sigo quedando allí cuando vengo con mis amigos… pa comer ensaladilla, camarones, bocas, y siempre caen algunas pipas.
Y no es que no me seduzca la idea de que me entregaran esto ante tres mil personas. Yo soy muy de público, pero también puede que me abrumara un poco, y no pudiera tener este trato íntimo que estoy teniendo con ustedes.
Además, eso lo veo yo más para las salineras y esas cosas y, sinceramente, creo que ya se me ha pasao la edad de ser Salinera Mayor.
Creo, espero algún día poder dar allí un concierto, un monólogo o cualquier cosa que se tercie. Confío en que tendré más oportunidades de actuar allí.
Por eso estoy muy contento de estar aquí esta noche, porque no sé si tendré muchas oportunidades de hacer algo aquí, donde hoy nos encontramos.
Porque aunque ahí en la puerta ponga que esto es el “Centro de Congresos y Exposiciones” A mí me van a perdonar pero para mí ahora mismo estamos en la sala 2 del cine Almirante.

Y este, es otro de los sitios más importantes de mi vida.

Cuando he subido por esas escaleras, no sabéis la cantidad de recuerdos que se me han venido a la cabeza.

Las sesiones matinales de los sábados por la mañana que me traía mi tía Maruja, con todos los niños gritando, y comiendo pipas. Las sesiones dobles que me tragaba yo sólo a veces, o con amigos, cualquier día de verano por la tarde. Las primeras veces con mis primeras novias.

La de veces que me quedaba mirando las carteleras cuando venía de La Salle, embobado enfrente de las fotos de las películas clasificadas “S”. A ver si se veía algo.

Fijaos que curioso, pero en el camino que tenía que hacer del colegio a mi casa, pasaba por delante del cine y del teatro. Lo que posteriormente ha sido mi profesión. Mierda, tendría que haber cogido por delante de la notaría.

Recuerdo cómo las películas llegaban aquí dos o tres meses después de que se estrenaran en Madrid, o en Cádiz.

Nos daba igual. Los últimos años de este cine veníamos puntualmente todos los domingos, aunque ya la hubiéramos visto, aunque fuera mu mala. Yo estuve aquí viendo la última película que se puso en esta sala. Una película mu mala de Don Johnson y Mike Rourke, con eso te lo digo to, llamada “Dos duros sobre ruedas”. Sabíamos que era mu mala, pero teníamos que venir a esa última función, a despedirnos del cine.

Me acuerdo de esa vez y de la cantidad de veces que vine a este cine sólo o con mis amigos y lo que pude disfrutar aquí dentro… viendo películas. Películas y actores que marcaron nuestra infancia, nuestra adolescencia, nuestra vida.

Aquí aprendí a amar el cine. Aquí, a lo mejor, aprendí a amar.

Yo no me había parado a pensar nunca en la importancia que tienen para las personas esas películas, esas obras de teatro que vemos durante la vida. Yo me hice actor, primero porque tuve la tremenda suerte de tener unos padres que me apoyaron en todo, pero fundamentalmente porque me gusta actuar. Me gusta jugar a ser otros. Nunca reparé en que podría formar parte de la vida de nadie. Pero eso pasa. Y es maravilloso.

Por eso para mí lo importante de recibir este premio aquí. Porque aunque no quede ni un ladrillo de aquel cine Almirante, para mí queda todo hoy aquí, y me gustaría pensar que a muchos de vosotros, con esto que estoy contando, se os haya venido a la cabeza, lo tengáis ahora mismo presente todas esas veces que vinisteis aquí, todas esa películas que visteis, todos esos actores, todas esas actrices. Todos esos momentos mágicos. Esos momentos mágicos que sólo nos da el cine o el teatro.

Una de mis canciones favoritas de Serrat se llama “Los Fantasmas del Roxy” y habla de un cine de barrio que, siguiendo la triste suerte de muchos cines hoy día también, acaba cerrando y convertido en una sucursal bancaria. Y de como de repente, a los trabajadores de la entidad en cuestión, empiezan a aparecérsele Humprey Bogart, Lauren Bacall, Ginger Roger, Fred Astaire…

Siempre me fascinó esa canción. Creo que porque me encanta la venganza que se toman los fantasmas, tan cruelmente echados de su casa por un banco. Un desahucio en toda regla. Es una canción antigua pero trata de un tema muy actual: artistas puteados por el poder… Los fantasmas del Roxy.

Viniendo hacia acá pensé que me encantaría la idea de encontrarme hoy con todos ustedes, y con los fantasmas del Almirante. Pensar que tengo entre el público al Kurgan, de los Inmortales sonriendo mientras blande su espada, a sean Connery de El Nombre de la Rosa bajando por las escaleras, a Ivan Drago, esperando que baje Rocky al ring, a Bruce Lee, a King Kong, a la de la mochila azul, a Fernando Fernan Gómez, a Agustín Gonzalez, a Paco Rabal… Están todos aquí, con nosotros.

Y aquí van seguir, por muchos cines que tiren, por muchos teatros que cierren siempre van a seguir aquí, entre nosotros, por siempre.

Yo ya se lo que quiero ser cuando sea mayor, muy mayor, cuando ya no sea nada: quiero ser un fantasma. Del Almirante, del Teatro Las Cortes, de la Plaza del Rey y pasear por aquí, entre vosotros, para siempre… comiendo pipas.

Quiero dedicar este premio a mis amigos Pipo y Alvarito, que nos dejaron este año. Y al resto de amigos, que son muchos y aún siguen entre nosotros. Y que sea por mucho tiempo.

Muchísimas gracias a todos. Al Ayuntamiento, a quienes hayan pensado que me merezco este premio, a los que se alegren de que me le den, a los que piensen que tendrían que habérselo dado a otro más cañailla que yo, a los que me veis por la calle y me saludáis, a los vendedores de pipas en general y al motivo principal por el que sigo volviendo una y otra vez y tienen la culpa de todo lo bueno que me pasa: Mi familia. Gracias.


miércoles, 29 de agosto de 2012

Quillo picha que, ¿nos vemos?

El otro día un amigo mío intentó quitarse la vida. No lo consiguió. Si lo hubiera hecho, hoy estaría escribiendo de otra forma o, lo más probable, no tendría ganas de escribir.

Pero la tremenda suerte que hemos tenido todos de que nuestro amigo no tuviera éxito me ha quitado el sueño esta noche y me ha regalado muchas cositas para pensar.

Por un lado, ante la terrible posibilidad de haberlo perdido para siempre he pensado en todas las veces que estuvimos con él. Las veces que le llamé y la cantidad de cosas que hicimos juntos. La bici, la playa, la plaza del rey, la moto, las niñas, el cocoloco, la barrosa, los controles de alcoholemia milagrosos, la barbacoa, la feria, la música, los torruños, el Bartolo, Torregorda, las litronas, Kike Er napia, ¿Quien va a por hielo? de tu mano detu mano, las camisas de flores, la ensaladilla, souvenirs, artículos de coña, el Isra y esa gente...

Y esas millones de cosas que pasan por la cabeza de uno en décimas de segundo cuando pierde a alguien.

Pero resulta que no lo hemos perdido, que nuestro amigo nos ha hecho el favor de quedarse aquí, entre nosotros, y entonces me ha dado por pensar en todas las veces que no le llamé... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... Y la cantidad de cosas que no hicimos juntos.

Yo tengo la idea de mí mismo de que todavía soy un chavalito. Me siento así, pero se positivamente que no lo soy tanto. Incluso creo que lo parezco, pero me consta que ya no tanto. Tampoco soy un pureta. No es pa tanto.

El caso, que vamos creciendo y nos vamos aíslando, alejando de la gente que queremos. Vamos distanciando las llamadas a la gente que queremos y cuando queremos darnos cuenta pasan meses, y lo mas grave, años sin ver a nuestros amigos.

No escribo esto para flagelarme. No soy el mejor ejemplo.

Tuve que alejarme de mi familia, de mis amigos, de mi pueblo para lograr un sueño. Si alguien quiere saber cual ha sido el precio que he tenido que pagar para conseguir lo que buscaba ahí lo tenéis. Pagué el mas caro: estar lejos de los míos.

Y como yo en cierto modo los perdí, o al menos me he perdido muchos días de sus vidas, he procurado siempre verlos lo máximo posible, convirtiéndome así en experto organizador de cenas, reuniones, encuentros, meetings, barbacoas y demás eventos sociales. Y he comprobado no sin cierto estupor como yo, que venía de a tomar por culo, era el causante de que se volvieran a encontrar amigos que viven a METROS de distancia. Eso es grave.

No me quiero poner ninguna medalla con esto. Yo lo hago por puro egoísmo, porque necesito verlos y se que si no lo hago yo no lo va a hacer nadie y, aunque me cueste algún que otro sofocón organizar estos eventos (porque la gente es mu pesá: "pues a mi este sitio no me gusta", "el viernes yo no puedo", "si viene este yo no voy"...) puedo garantizaros que es de lo que mas orgulloso me siento.

Yo conozco a una persona muy cercana, un familiar, que ha perdido a todos sus amigos de la adolescencia y, lo peor de todo: ¡¡ESTÁN TODOS VIVOS!!

Los ha perdido porque dejó de llamarlos, dejó de buscarlos y pasó lo inevitable: dejaron de llamarle, dejaron de buscarle...

Luego un día, uno de ellos no tiene tanta suerte como el mío y... Piensas en esa llamada que llevabas tanto tiempo queriendo hacer y nunca hiciste.

Dicen que la familia no se elige y los amigos si. No se si estoy de acuerdo, pero de cualquier forma, a unos y a otros hay que cuidarlos, hay que quererlos.

Sin buscar nada a cambio. A veces darás menos de lo que recibes, a veces mas...

Yo os prometo que ni el auditorio más grande del mundo puesto en pie aplaudiendo mi mejor chiste me llena más que las risas de mis amigos descojonados por mi mayor estupidez.

Eso es así. Y las papas son asá.

Hace años acudí al sepelio del padre de un amigo mío que entre sollozos me abrazaba y me decía: "dile mucho a tu padre que le quieres". Toma ya.

Yo lo hacía, pero desde entonces lo hago más.

Este mismo año la vida nos ha robado a dos amigos. Jovenes. Chavalitos como yo. Llenos de ganas y llenos de amor.

Debe la parca haberse apiadado de nosotros porque de pronto nos regala a uno. A éste. A éste que me ha quitado el sueño y puesto a pensar en estas cositas.

A éste que es tan importante en nuestras vidas, que a lo mejor no sabía que necesitamos que siga entre nosotros. Que a lo mejor no sabía que todos pensamos que el mundo es un lugar mucho mejor con él dentro.

Que a lo mejor no lo sabía... porque no se lo habíamos dicho nunca.

Tiene cojones que tengan que pasar estas cosas para que nos demos cuenta de lo que queremos a la gente, de lo que la necesitamos.

¿Tanto cuesta decirle a un amigo, a un familiar que le queremos?

¿Tanto cuesta moverte de tu casa, salir de tu agujero?

¿Tanto cuesta levantar un teléfono y decir: "quillo picha que, nos vemos"?

miércoles, 25 de julio de 2012

Contraataquemos

Llevo varios días haciendo que no me entero. Pero me entero. Como si no me afectara. Pero sí que me afecta. Y miro a mi alrededor y todo son motivos para deprimirme, para retirarme, para acojonarme. Y hoy, de repente, me quita el sueño. Y me cago en su puta madre.

Y me da por pensar que eso es precisamente lo que quieren. Tenernos acojonados en nuestras casas, sin pensar, sin hablar, sin protestar.

Me gustaría ser neutral, y disparar a todos lados por igual. Disparar con mis balas. Con palabras. Porque nos están atacando. Estos vaqueros nos atacan.

Si, creo que son vaqueros. Porque nosotros tenemos mas pinta de indios. Y me gusta mas la idea de que mis palabras sean flechas, en vez de balas. Y porque esta historia la estoy escribiendo yo y me doy el papel que me da la gana.

Hoy siento mas que nunca el ataque profundo y consciente que se le está haciendo al mundo de la cultura (de esta cultura india) que suena incluso a venganza. Y me gustaría que no me preocupara, pero me preocupa.

Como me preocupa ver a la gente sin trabajo, a gente con ideas, a gente sin futuro.

¿Y yo qué coño puedo hacer para ayudar a esta gente? Me pregunto.

Poca cosa creo. Me puedo llegar a sentir un poco impotente incluso. Pero pienso que aun me quedan balas, perdón flechas. Y no me queda mas remedio que gastarlas. Y cuando se me gasten, fabricarme más. Esa es la ventaja que tenemos los indios, que podemos fabricarnos nuestras propias armas.

Yo te digo una cosa vaquero: en mi casa no me pienso quedar lamentándome. Ni vas a conseguir que me vaya a otras tierras. Si no quieres cultura la vas a tener por duplicado, por triplicado. Multiplicado por mil.

Hay que contraatacar con más cultura.

Yo desde aquí, desde este rincón del mundo que a todos conquista y que Napoleón no pudo conquistar os digo que no estoy escondiéndome. Estoy fabricando flechas.

Yo pienso seguir inventando, seguir maquinando, seguir fabricando porque pienso que tengo mucho que hacer y mucho que contar todavía.

Y me emociona pensar lo mucho que te queda por contar a ti, persona a la que admiro, artista con el que disfruto y me hace reír y llorar y emocionarme y pensar.

Sois muchos los indios artistas que me hacéis sentir cosas. Ya seáis Sioux, cheyenes o arapajoes que joen.

Os admiro porque me hacéis pensar. Porque me hacéis llegar a pensar que pensando puedo cambiar el mundo.

Por eso os animo a que sigáis inventando, a que sigáis fabricando flechas, y las disparemos juntos. Tantas, que no sepan ni por donde les vienen.

A ti que lo has hecho siempre y al que nunca lo ha hecho. Cuantos más seamos mejor. Todos somos necesarios.

El general Custer no nos va a echar de aquí. Estas son nuestras tierras. Jau.

sábado, 17 de marzo de 2012

La maldición de la Maruja

             Yo por lo general soy muy ordenado. A veces es un coñazo serlo tanto. Más que ordenado... disciplinado. I mean, que no puedo vivir si no lo hago todo. Eso de tener que hacerlo todo y no dejarte nada... uff. Y me refiero a todo, a TODO. Desde contestar un mail a colgar un cuadro, pasando por escribir mi próximo espectáculo.

       Todo. Yo lo tengo que hacer todo. Todo está en mi cabeza y no se me va, no se me va, no se me va... hasta que lo hago. Y ya pueden pasar años, que no se me va.

 Lo curioso es que siempre dejo lo realmente importante para el final. Aunque siempre lo acabo haciendo.

Achero Mañas me confesó una vez que era tan ordenado que no podía ponerse a escribir hasta que no tuviera todo limpio, fregado y recogido. Le dije: ¡A mi me pasa lo mismo!

             No sé en su caso, pero en el mío creo que me busco obligaciones imaginarias con tal de demorar un poquito más lo que realmente tengo que hacer. Aunque al final siempre lo acabo haciendo.

         Tengo cosas pendientes desde hace años, pero no se me van de la cabeza. Uno debe admitir que es así. Hay gente que se lleva toda la vida sin hacer miles de cosas y vive tan tranquilamente. Yo no puedo. Yo no podría.

      Antes de sentarme a componer, o escribir o lo que sea la casa tiene que estar perfecta. Tengo lo que se podría llamar "la maldición de la Maruja". Me siento al piano y veo un yogur con su cucharita y su tapa arremetida encima de la encimera y... no puedo tocar una nota. Un vistazo alrededor... todo perfecto. A tocar.

             El caso, que creo encontrarme por fin en uno de esos momentos en los que lo tengo todo recogido, limpito, completo, y me voy a poner. Lo tengo claro. No tengo excusa. Todo es ponerse, como dijo Maradona. Una miradita...

                 Vaya, ahora el frigorífico me hace aguas... ¿Y esta lámpara porqué no funciona?

                Lo arreglo y voy.